martes, 26 de julio de 2011

FOUR II

Holaaaa :) aqui cuelgo la segunda parte de FOUR. Os dejé con el suspense verdad?? Pues a ver que os parece hoy :)
Por cieerto!!! ErikaDen esta publicando el primer rol que empezamos (si empezamos. Tenemos cuatro y no hemos acabado ni uno XD) llamado TWEWY seguidla en http://erikaden.blogspot.com/ 
Aqui os dejo con FOUR :)


Para diferenciarnos (lo recordare a cada entrada) :
HayleyLee (yo) --> Jade   
ErikaDen --> Kyoko








FOUR








- ¡Dejadlas! – les gritó, aunque lo único que consiguió fue que los borrachos se acercaran para buscar pelea - ¡Corred! – nos dijo girando la cabeza. Después le dio un puñetazo al que se había adelantado.
Esta vez sí arrastré a Jade tras de mí. Dimos la vuelta a mi bloque. El portal estaba abierto, así que entramos sin perder el tiempo y cerramos la puerta de cristal.
- ¿Estás bien? – le pregunté regulando mi respiración entrecortada.
Corrimos entre la nieve y el hielo que se acumulaban sobre el suelo. Nos dirigíamos hacia el bloque de mi nueva amiga.
Me giré varias veces para mirar la “pelea” que se había formado frente al banco, y por esta falta de atención a nuestro camino y a la gran cantidad de hielo, resbalé y caí más de una vez.
Las palabras defensivas de aquel chico seguían retumbando en mi cabeza.
Cuando por fin llegamos al portal ella me preguntó si me encontraba bien, y le respondí al recuperar el aliento:
- Sí. ¿Tú? – le pregunté mientras la miraba de arriba abajo con los ojos todavía chispeantes por el miedo. Pero una inquietud recorrió todo mi cuerpo y me dirigí a la puerta de nuevo – ¡Tenemos que ir a ver si está bien!
Salimos en su busca pero él ya estaba cerca. Sólo un hilillo de sangre caía por su labio inferior.
Jade corrió hacia él procurando no caerse otra vez, y yo la seguí.
- ¡Subamos a mi casa! Hay que curarte el labio – dije dirigiéndome al extraño que nos había “salvado” – Y así también nos cuentas por qué has aparecido de la nada para defendernos…
Me abalancé hacia aquel muchacho. Parecía que estaba bien, sólo percibí un hilillo de sangre corriendo por sus labios.
Lo observé con detenimiento mientras me apartaba de delante de él para dejarle caminar hacia el ascensor. Era rubio con los ojos azul océano. Medía aproximadamente un metro ochenta, y la luz del pasillo le daba a su piel un tono bronceado.
No mediamos palabra mientras recorríamos el pasillo del segundo piso.
Kyoko nos guió por el pasillo de la derecha y se paró frente a la última puerta de la izquierda, que abrió para que pasáramos a su apartamento.
Dejé que el chico de cabellos dorados entrara antes que yo.
Los guié hasta el salón y les indiqué que se sentaran en las sillas que rodeaban la mesa. Fui al baño a por el botiquín y a la cocina para coger un vaso de agua.
- Bueno, empieza a responder – le insté.
Se echó a reír, pero inmediatamente el gesto de su cara cambió a un gesto de dolor por haber estirado demasiado el labio dañado, por lo que mi nueva amiga me miró con reprobación.
- Vale… Lo primero es lo primero – dije cogiendo unos algodones, pero me paré. Me daba vergüenza curarle el labio a alguien que acababa de conocer, o mejor dicho, que ni siquiera conocía.
Al verme titubear, Jade me lo cogió de la mano y comenzó a limpiarle la sangre.
Su labio se curvaba de vez en cuando por el escozor que le producía el alcohol en la herida que le estaba limpiando. Mientras estábamos en aquel salón de paredes blancas y luminosas, observé con detenimiento el rostro del chico, que muy en contra de mi voluntad, tenía que admitir que era bastante guapo.
Yo no tenía por costumbre fijarme demasiado en los chicos, siempre me habían parecido muy incompetentes e irresponsables. Pero nos había defendido y aquello despertó en mí una especie de aprecio hacia él.
Tenía los ojos azules, y contrastaban con su rubio cabello despeinado de manera consciente. No lo tenía muy corto, era más bien una media melena de las que últimamente estaban de moda.
Acabé de limpiarle la sangre y deposité el algodón en la palma de la mano de mi nueva amiga, que yacía ya tendida un buen rato. Ésta se levantó de la silla y marchó hacia la cocina. Miré al chico y sentí la necesidad de preguntarle su nombre, pero él sintió mi mirada clavada en su rostro y se giró con los labios curvados formando media sonrisa. Se la devolví y abrí la boca para formular mi pregunta.
- Tomy. Me llamo Tomy – interrumpió, lo que hizo que soltara una carcajada algo tonta - ¿Y tú? – preguntó después de que me calmara.
- Jade – respondí con la voz algo ronca y me sonrojé por lo mal que había sonado.
- ¿Eres inglesa? Porque no lo parece… - su pregunta era curiosa. Lo noté por el tono de su voz.
Negué con la cabeza y expliqué:
- Nací aquí, en España, pero mis padres son daneses. De ahí viene. Ya sabes… Un país donde también rigen los rubios con ojos azules… - paré un segundo – Ellos buscaban un ambiente más cálido y se trasladaron a Andalucía.
Él escuchó mi pequeño relato con atención y asintió con la cabeza un par de veces. Poco después llegó mi amiga y nos percatamos de que estábamos muy cerca el uno del otro, por lo que nos echamos hacia atrás apoyándonos en el respaldo de nuestras respectivas sillas. Tomy expuso una sonrisa ante la aparición de Kyoko.
Tras haberlo curado fui a la cocina a tirar lo que habíamos utilizado y cuando volví descubrí a Jade y al rubio apoyados en el respaldo de sus sillas un tanto cohibidos. El último me sonrió y yo le devolví la sonrisa. Tomé asiento y comencé de nuevo con la ronda de preguntas.
- Veamos… ¿Por qué nos “salvaste” de esos?
Volvió a sonreír lo que le permitieron los labios y se inclinó por encima de la mesa hacia mí.
- ¿Acaso tiene que haber un motivo exacto? – ante mi mirada amenazadora decidió responderme tras un pequeño suspiro – Pues eso… No había un motivo exacto. Volvía  a mi bloque por aquel camino y vi que unos borrachos se disponían a “acosaros”. Y no podía permitir que os hicieran daño.
Le miré un tanto sorprendida.
- Hoy en día no existen muchas personas como tú… - inquirí – Imagino que ya está el “problema” resuelto – suspiré. Parecía que me había preocupado sin motivo - ¡Ah! Me llamo Kyoko – me presenté al fin.
Después de escuchar las preguntas de Kyoko y las respuestas de Tomy, estuve dándole vueltas a un asunto y no tuve más remedio que preguntárselo.
- Oye Tomy… - comencé. El aludido me miró con un extraño brillo en los ojos - ¿Cómo supiste en qué bloque nos encontrábamos después de haber peleado con aquellos tipos?
La morena me miró sorprendida y Tomy soltó una larga carcajada. Me dio rabia, no sabía por qué hacía tanta gracia.
- Por vuestras pisadas en la nieve – admitió – Las seguí y os encontré en la entrada del portal.
Sonaba coherente, así que asentí con la cabeza asimilando su respuesta.
- Vale – respondí finalmente.
¿Por qué nos seguiría? Podría haber desaparecido sin más después de su gran hazaña. Iba a preguntarle por ello pero sonó un móvil, y no era el mío…
- Un segundo – Tomy rebuscó en su bolsillo y cogió el aparato - ¿Si? – A esto continuó una breve conversación con el interlocutor – Ya voy. He tenido un pequeño contratiempo, ya te lo contaré. En seguida estoy allí.
Jade y yo nos miramos. ¿Sería su novia? Le miramos penetrantemente esperando un gesto aclarador.
- Nada… Es mi compañero de piso, Eric. Estaba preocupado – lo miramos, pero esta vez extrañadas – No, no… Es que él es algo… Algo… ¿Extraño? No. Él es… ¡Él! Se preocupa mucho por los demás. Si lo conocierais sabríais de qué estoy hablando. – nos intentó explicar.
Kyoko y yo exclamamos un “¡Oh!” en señal de comprensión, y nos quedamos un largo rato en silencio. Miré mi reloj y me apresuré a levantarme de la silla al ver que las agujas marcaban las 12 de la noche. Los dos me miraron.
- ¿Te espera el novio? – preguntó Tomy como quien no quería la cosa.
- No. Em… Esto… No tengo novio – negué con una cierta decepción pintada en el rostro.
Él lo notó y saltó de su posición diciendo:
- Bueno, en tal caso… ¿Me permites acompañarte hasta tu bloque?
Abrí los ojos como platos y miré a Kyoko, que me sonrió.
- Si quieres, claro… - aclaró el chico súbitamente.
- Sí, sí. Por supuesto – respondí, a lo qué él mostró una sonrisa reluciente que me hizo estremecer – Nos vemos mañana – me despedí de mi nueva amiga, que también se había incorporado.
Los miré con admiración.
- Un segundo, dame tu número de móvil y hablamos mañana por la mañana para quedar en hora y eso…
Saqué mi móvil del bolsillo y se lo tendí a Jade para que apuntara su número.
- Un momento. ¿Habéis quedado mañana y no me invitáis? ¡Qué malas personas! – bromeó Tomy - ¡Ah! ¿Y cómo es que no tenéis los números? – esta vez se extrañó.
- Bueno… Nos acabamos de conocer… Básicamente nos acabamos de conocer los tres – reí.
- ¿En el banco de ahí abajo? – preguntó asombrado.
- Exacto – afirmé.

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