lunes, 25 de julio de 2011

FOUR I

Bueeno, aqui va la primera parte del rol FOUR que he comentado antes en mi primera entrada. Un rol es una forma de escribir historia conjuntamente con otra persona. Por ejemplo en este ErikaDen controla su personaje pudiendo hacer hablar y mover el resto de personajes menos el mio. En esta historia ella es Kyoko y yo Jade. Ya ireis descubriendo poco a poco de que va la historia. Espero que os guste :)))








FOUR








Caminaba escondiéndome en el interior de mi abrigo y mi bufanda, y frotaba mis manos enfundadas por los guantes. La nieve caía sobre la gente que paseaba por la calle, y se acumulaba sobre mi gorro de lana. Pasé por enfrente de la cristalera de una cafetería y me decidí a entrar. Tomé asiento en una mesa pegada a la pared y pedí un chocolate caliente. Mientras esperaba a que llegara mi pedido observé a la gente que pasaba por la calle. La Navidad estaba cerca y todo estaba decorado con luces, abetos y muñecos de nieve. Los niños jugaban con el hielo y la nieve en las calles cortadas al tráfico, y las parejas paseaban cogidas por el brazo. Yo simplemente había salido a pasar el rato, para expansionarme. 
Tenía unos días libres en el trabajo y quería pasarlos calentita en mi casa, pero estar encerrada al final aburría y sentía la necesidad de salir al exterior. Me dedicaba a dar clases de inglés en una academia. Me gustaban los idiomas, estudiaba francés, japonés, coreano y perfeccionaba mi inglés. Había decidido pasar estas vacaciones en casa repasando por mi cuenta, pero al fin y al cabo ¿quién tendría ganas de estudiar estando de vacaciones? 
Me trajeron el chocolate y comencé a soplarle para que no quemara. 
Tomé un primer sorbo revitalizante de aquella bebida de mayas y vi cómo una chica rubia que ocultaba casi toda su cara tras una bufanda azul celeste se fijaba en la cafetería gracias a la gran cristalera, al igual que yo. Ese cristal era un buen reclamo para los clientes. Al fin se decidió y entró sentándose en una mesa cercana a la mía.
Después de un largo día de limpieza a fondo del apartamento en el que vivía en “La Dama de Noche”, una urbanización de “Nueva Andalucía” en las afueras de Puerto Banús, me tomé la libertad de darme un descanso e ir a pasear por las calles del puerto. Al salir me sorprendí al ver que estaba nevando de nuevo. La Navidad estaba a la vuelta de la esquina, pero era la primera vez en muchos años que no nevaba en esta zona de España. Comencé a caminar en dirección a la salida de la urbanización, y nada más dar un par de pasos sobre la acerca helada, recibí un golpe en la nuca. Era una bola de nieve.
- Perdón – se disculpó un niño enfundado en un gran abrigo frotándose los guantes llenos de nieve.
Le dediqué una sonrisa y continué caminando. Cogí el gorro que guardaba en el bolsillo de mi chaqueta y me lo puse, así como los guantes en las manos, que empezaban a enfriarse demasiado. Paseé por el puerto abarrotado de gente, como siempre. Hacían sus últimas compras o cenaban en lujosos restaurantes.
Pasé por delante de la cristalera de una cafetería y decidí entrar. No estaba muy llena de gente, aún así me senté en una mesa individual al final de la sala. En la mesa de enfrente había una chica morena tomándose un chocolate caliente. Rápidamente la camarera se acercó a mí, y pedí otro chocolate.
Permanecí unos minutos más dentro de la cafetería. Me terminé el chocolate y observé como la chica rubia se pedía lo mismo que yo. Pedí la cuenta, pagué y me levanté. Al pasar por su lado observé de reojo como me miraba andar hacia la entrada, pero no le dí importancia. Una vez fuera, me puse el iPod. La música, fuera del género que fuera, me relajaba. La dejaba introducirse en mi cuerpo y me trasladaba como a otro mundo.
Caminé por la calle paralela al puerto intentando no resbalarme con el hielo. Me decanté por volver ya a casa, empezaba a refrescar más todavía, pero una vez dentro de la urbanización me dio pereza subir al piso y me senté en el banco que estaba bajo a mi balcón. Observé el césped congelado y los árboles goteando nieve derretida. Sonaba una canción lenta de TaeYang, era una situación perfecta. Apoyé los pies en el banco y cerré los ojos.
Observé como la chica que tenía al lado se levantaba y se dirigía hacia la puerta de salida. A decir verdad, me sonaba bastante su cara. Note como me miraba de reojo y situé mi mirada en el chocolate recién llegado. Lo tomé despacio, pues quemaba un poco, y contemplé a través de los cristales como la chica de cabellos morenos se alejaba por el puerto muy cuidadosamente para no resbalarse con el hielo.
Cuando la perdí de vista me dediqué a mirar nuevamente al resto de gente que paseaba por la calle en aquellos momentos. Una señora luchaba contra el frío cubriéndose la boca con la bufanda. Los niños jugaban lanzándose bolas de nieve. Los barcos amarrados permanecían cubiertos por gruesas capas de nieve ya endurecida y casi convertida en hielo.
La cafetería empezaba a llenarse de gente, así que decidí apurar mi taza y marcharme rápidamente. No soportaba el alboroto. Pedí la cuenta a la misma camarera que me había servido, y tardó unos diez minutos en traérmela. Pagué y volví a colocarme el gorro y los guantes.
Salí del café bar y anduve deprisa de vuelta a la urbanización. Tropecé unas cuantas veces con algunas farolas que no percibí a causa de la ventisca.
Al fin llegué a la entrada de la urbanización. Los pocos guardas que se refugiaban dentro de la cabina me saludaron con una sonrisa, yo se la devolví. Seguí caminando y crucé un pequeño puentecito para llegar hasta mi bloque. Antes de continuar eché un vistazo a los alrededores y percibí una figura humana sentada en un banco. Me aproximé poco a poco, y distinguí a una chica tumbada en él. Me asusté ya que parecía que se había congelado por el frío. Me acerqué a ella, pero se movió y se incorporó rápidamente. Yo me paré en seco frente al banco.


Aún rodeada de niebla blanquecina, a través de los párpados vi una sombra cerniéndose sobre mí. Me levanté bruscamente. Sólo era una chica. Me fijé más en ella, era la que se había sentado en la mesa de al lado en la cafetería. ¿Me habría seguido? No tenía ningún motivo para hacerlo. Debía de vivir también allí. A demás, me sonaba de haberla visto desde el balcón caminando por los jardines. Quizás por eso me fijé en ella desde un principio.
- Esto… ¿Qué quieres? – logré preguntarle.
Me quedé perpleja, no sabía qué contestarle y sentía como se me secaba la garganta. Aún así pude articular unas palabras.
- Perdona… Es que te vi tumbada y quieta en el banco, y por un momento pensé que te habías quedado helada. Veo que me he equivocado.
Mi voz sonó demasiado ronca y se me entrecortaban las palabras a causa del frío. Quise dar media vuelta, pero algo dentro de mí me lo impedía, y tuve la necesidad de preguntarle:
- Vives en el Bloque 1, ¿no?
- Sí – respondí - ¿Y tú? – continué incorporándome del todo.
- En el cuarto bloque, allí – lo señalé, y al mismo tiempo observé cómo intentaba incorporarse poco a poco - ¿Cómo es que nunca te había visto por aquí? – le pregunté entornando los ojos.
- Pues… Vivimos en bloques diferentes, aunque a mi me suena haberte visto pasando por debajo de mi balcón de vez en cuando – me reí dejándole un hueco a mi lado para que se sentara.
Le devolví la sonrisa mientras me sentaba en el espacio que me había dejado.
- ¡Oh! – exclamé – Creo haberte visto en la piscina en verano. Bajabas cada mañana ¿no?
- Sí, cada mañana. Sola – suspiré refugiándome del frío – Ojala llegue el verano pronto. Podemos bajar juntas a la piscina – le sonreí.


Veía la oportunidad de hacer una nueva amiga en la urbanización. En los dos años que estaba allí, toda la gente que conocía era alquilada y se iba a los pocos meses.
Reí ante su reacción.
- ¡Estupendo! Llevo más o menos dos años aquí, ya que estudio en la universidad de Málaga, y bueno… Hasta ahora no había conocido a nadie – le explique mientras miraba las palmas de mis manos, mejor dicho el color negro de mis guantes.
- ¿A sí? ¿Cuántos años tienes? – le pregunté curiosa – Yo doy clases de inglés en una academia de Marbella. Y estudio algún idioma por mi cuenta, aunque estudié en Valencia traducción e interpretación, no dí todos los idiomas que quería aprender – le expliqué.
- Este es mi penúltimo año – dije emocionada – También estudio traducción e interpretación. Quiero ser traductora en algún tipo de empresa. Tengo 21 años – respondí.
- ¡Guay! No te metas en una academia… Yo estoy pensando en buscar otro trabajo, cuando acabe el curso – reí.
- Lo tendré en cuenta – sonrió – A parte de los idiomas, también me encanta viajar, ayuda muchísimo – añadí.
Me dediqué a examinar al personaje que se encontraba a mi lado. Como dije anteriormente, la chica era morena, y estaba bastante delgada, al contrario que yo; y tenía la cabeza gacha y la mirada un tanto perdida en aquellos momentos. Supuse que debería de ser ese tipo de chicas verdaderamente tímidas que necesitaban a alguien más impulsivo a su lado para que se soltaran, por así decirlo. Así que le propuse:
- ¿Tienes algo planeado para mañana? Quiero decir, si te apetecería salir por ahí a tomar algo conmigo, para ir conociéndonos y eso. Estoy de vacaciones y no me apetece nada estar encerrada en casa esperando a que mis padres lleguen dentro de una semana para pasar las navidades aquí.
¿Por qué le contaba todo esto? Noté como se reía por lo bajo y tuve a sensación de que la estaba aburriendo contándole mi vida.
- Perdona – me excusé – Llevo bastante tiempo sin hablar con alguien, y claro… Acabas de presenciar las consecuencias de la soledad.
- Te entiendo… También estoy viviendo sola y entre una cosa y otra no he podido hacer amigos aquí… - le dije – Y por supuesto que puedo quedar mañana. ¡Debo aprovechar al máximo los días de vacaciones que me quedan! – le sonreí.
- Vale – le devolví la sonrisa – Una pregunta, si ya acabaste la carrera y trabajas… ¿cuántos años tienes?
- 23. La terminé hace 2 años, justo antes de venir, así que llevo este tiempo en la academia – le expliqué.
Escuché atentamente lo que decía, y entre tanta cháchara me olvidé de lo más importante.
- Por cierto… - comencé apresuradamente – me llamo Jade – me presenté.
Me miró un tanto extrañada, supuse que sería por mi nombre. No era nada corriente.
Sorprendida al oír su nombre le dije el mío, que también era un tanto extraño.
- Yo, Kyoko. Es un nombre japonés. A mis padres les encanta todo lo japonés…
Tras presentarme vi unas sombras acercándose entre la neblina. Era un grupo de chicos que se dirigían hacia la zona del bloque de mi nueva amiga. Al reparar en nosotras se acercaron sin dudarlo.
No me extrañé cuando pronunció su nombre, a decir verdad, estaba contenta por haber encontrado a alguien que también tuviera un nombre que no correspondiera con su nacionalidad. Sonreí ante la idea, pero de repente nos giramos bruscamente al oír gritos cerca.
Vimos cómo un grupo de cinco chicos andaban dando tumbos mientras recitaban algo incomprensible. Parecía que cantaban. Sin duda, estaban borrachos.
Noté algo extraño, era como si me estuviera mareando. ¿Adrenalina? Podía serlo… Aunque no estaba segura. Esa sensación fue aumentando cuando aquellos personajes nos miraron y empezaron a aproximarse a nosotras. Tenía ganas de salir corriendo de allí pero mis piernas estaban clavadas en el suelo.
Miré a Kyoko, ésta tenía los ojos dilatados. Le dí un codazo y la aludida me miró. Sentíamos lo mismo: miedo.
Estábamos paralizadas por el miedo. Lo normal era que saliéramos corriendo, pero no lo hicimos. Al fin mi mente se despejó unos segundos y pude pensar con claridad.
Cogí a Jade por el brazo y me dispuse a arrastrarla tras de mi para alejarnos de los que se acercaban, que ya se encontraban a pocos metros de nosotras. A pesar de mis esfuerzos por salir corriendo, los chicos nos alcanzaron.
- ¿Qué pasa preciosas?
Al no recibir una respuesta el primero de ellos se acercó a mi nueva amiga, pero un chico de más o menos nuestra edad se puso de repente entre los dos impidiéndole el paso. Estábamos tan nerviosas que ni siquiera lo habíamos visto llegar.


ErikaDen&HayleyLee

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